Un camino sin retorno

  • Tribuna de Úrsula Szalata en "El Comercio"

07/03/2025.
Úrsula Szalata

Úrsula Szalata

Las mujeres hemos tenido que luchar toda la vida para conseguir lo que nos corresponde, para alcanzar los derechos que merecemos, desde el voto femenino a tener una cartilla de ahorros a nuestro nombre. Algo tan básico como eso no nos lo han regalado, lo hemos logrado a base de voluntad, firmeza y perseverancia. Pero avanzamos imparables, como recoge el lema de la convocatoria que reunirá este 8M en Gijón al movimiento feminista, del que nuestro sindicato forma parte. Porque la igualdad entre mujeres y hombres es un camino sin retorno, no tiene marcha atrás. Porque sin igualdad no hay democracia.

Luchamos para que nos reconozcan y luchamos también para que no nos maten. Es nuestra terrible realidad. Desde que se llevan registros en nuestro país (2003) han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas 1.296 mujeres, una cifra escalofriante que muestra la cara más atroz de la violencia machista. A ellas habría que añadir las víctimas de la violencia vicaria, la máxima crueldad imaginable: la que ejercen esos desalmados contra los hijos e hijas.

Contra esta violencia que nos desacredita como sociedad nos venimos concentrando desde hace  años en Oviedo, el último martes de cada mes. Y no dejaremos de hacerlo. Porque la violencia estructural, los muchos tipos de violencia que sufrimos las mujeres desbordan todas las estadísticas. 

Por eso resulta inconcebible que haya todavía quien lo niega. Partidos de ultraderecha que se desmarcan de las concentraciones unitarias contra los asesinatos de mujeres, o rechazan (33 votos en contra de Vox, frente a los 315 a favor del resto), como acabamos de ver, la reedición actualizada del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, un avance incuestionable no solo para las mujeres, sino para el conjunto de la sociedad. Un nuevo acuerdo que, sobre lo ya andado, avanza en la lucha contra la violencia vicaria que también sufrimos, propone reconocer oficial y legalmente la violencia económica que también sufrimos, y ahonda en la digital, que también nos afecta especialmente a las mujeres, sobre todo niñas y adolescentes. 

Se ha hecho mucho, pero queda mucho por hacer. Para poner fin a todas esas violencias que padecemos, pero también para acabar con las desigualdades en el mercado laboral, que impiden nuestro desarrollo integral. Hemos superado muchos obstáculos para lograr empleos que nos permitan alcanzar la autonomía e independencia económica, aunque no es suficiente, porque ahí están las brechas.

No cabe duda de que, en estos últimos años, los planes de igualdad y las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional (que han beneficiado particularmente a las mujeres) han sido positivos, pero hay brechas que persisten: las mujeres tenemos una menor tasa de empleo y más alta de paro, sufrimos más temporalidad y parcialidad, nos perjudica la adjudicación de los complementos salariales, que favorecen sobre todos a los hombres. Todo ello provoca que tengamos menores ingresos salariales, cobremos inferiores prestaciones por desempleo y recibamos pensiones mucho más bajas.

Y aunque la brecha salarial de género en Asturias (del 24,3%) se sitúa en el nivel más bajo de la serie histórica, sigue siendo inasumible, por lo que urge tomar medidas más radicales en el mercado laboral y la distribución de las responsabilidades de cuidado. 

Como sabemos bien, la brecha se explica principalmente porque las mujeres soportamos una menor inserción laboral, nuestra carrera sufre mayores interrupciones y el acceso al empleo se produce en peores condiciones, lo que se traduce en un salario menor. Y esto se debe principalmente a que las mujeres soportamos en mayor medida las tareas de crianza y cuidados. Un dato revelador: el 86% de las excedencias por cuidados en 2024 fueron asumidas por mujeres. De ahí la importancia del Pacto Estatal por los Cuidados que está reclamando CCOO. Pero también es imprescindible que las empresas y los hombres asuman su responsabilidad. Toda la sociedad saldrá ganando.