Los apellidos de la prioridad

  • José Manuel Zapico, secretario general de CCOO de Asturies, en "El Comercio"

01/05/2026.
Tribuna de J. M. Zapico en "El Comercio"

Tribuna de J. M. Zapico en "El Comercio"

No hay nada tan viejo en el mundo como las novedades. Lo decía Jacques Prévert, el poeta del pueblo. Fíjense que ha regresado incluso el vinilo. Tanto regresa, que las ventas del nostálgico soporte en los raíles de la cultura vintage emulan ya cifras ochenteras, con cerca de 2,2 millones de unidades vendidas el año pasado en España y cerca de 30 millones de euros de facturación. 

Vuelven las riñoneras, Oasis y las lámparas de lava. Y vuelven los pactos con la extrema derecha. El de gobierno en Extremadura, un remake del que ya se firmó hace 3 años, es un anticipo de lo que se viene en otras comunidades donde el PP tendrá que elegir si plegarse a los postulados ultras. Entre ellos, iniciativas asumidas por el PP que califican de colaboradoras necesarias del tráfico de personas a las ONG que atienden a inmigrantes sin papeles. Ahí está Cáritas, claro, es decir, la Iglesia Católica. 

Van contra los sindicatos, sí. Pero también contra los inmigrantes, las oenegés, la Iglesia, el Papa, Europa y el sentido común. Incluso Isabel Díaz Ayuso sospecha ya que eso de la “prioridad nacional” no suena demasiado legal. Si de algo han servido estos días es para comprobar lo delicado que les resulta para los firmantes haberle puesto apellidos a la prioridad. ¿Qué significa exactamente la prioridad nacional? Si quiere decir que son españoles los hijos de nacidos en España, como matizó un representante de VOX, entonces no serán españoles Lamine Yamal ni el rey Felipe VI. Si la expresión se refiere al arraigo, entonces tendrá prioridad para acceder a las ayudas sociales un inglés que lleve cinco años en Badajoz antes que un asturiano que vaya a trabajar el mes que viene. El delirio inoculado por VOX y homologado por el PP entre la vergüenza y la convicción. 

En España hay unos 10 millones de habitantes con más de 65 años. Uno de cada cinco. Y Asturias es la comunidad autónoma más envejecida. No nacen niños suficientes para compensar ese envejecimiento y ninguna sociedad con esas cifras es sostenible sin inmigración. Fíjense, si no viniera ningún inmigrante a Asturias, si mañana cerráramos las fronteras, en 2050 nuestra región se habría desplomado hasta los 750.000 habitantes. Es decir, unas 260.000 personas menos respecto a las que somos hoy. Es el equivalente a hacer desaparecer a toda la población de Gijón. Si no vienen inmigrantes, Asturias perdería un Gijón entero para 2050. Nuestros hijos y nietos no podrían vivir en un lugar así. Tendrían que migrar. 

El problema de firmar pactos con el meñique empalmado es que olvidas cómo son las cosas fuera del despacho, en la calle, donde todos esos trabajadores y trabajadoras sostienen la primera línea en pueblos y ciudades. Son nuestra atención primaria, preparados para cubrir las necesidades básicas de todos y todas. Héroes y heroínas anónimos, en la voz callada, la razón y el sentido de un lamento silencioso que no quiere ser llamada de atención sino gesto profundamente moral contra la mentira, la crueldad, lo terrible. 

Este Primero de Mayo también es para advertir cómo la extrema derecha pretende desfigurar todo ese ecosistema que funciona en los márgenes a base de solidaridad y empatía. Intentaron desfigurar Europa y la Justicia sentenció que en Hungría incumplieron el Derecho de la UE con su ley anti LGTBI+. La semana pasada, por primera vez, los magistrados europeos señalaron que un país ha infringido el artículo 2 de los tratados que establece los valores fundamentales sobre los que se asienta la UE: dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos. 

Trump, Orban, Abascal. La decadencia de los líderes presuntamente carismáticos confirma sus paralelismos en términos de caudillaje, control de la opinión pública, patrioterismo y virilidad. Modelos fallidos que dejan un reguero de tensión y sufrimiento muy difícil de curar.